Buena parte del debate sobre la masiva entrada de personas migrantes en Ceuta ha estado centrado en el papel desempeñado por Marruecos y la opacidad o tendenciosidad con la que han funcionado algunas agencias estatales. Utilizo el término debate para calificar de manera bastante generosa el rifirrafe dialéctico protagonizado en estos días por los líderes de los principales partidos, que ha impregnado asimismo los titulares de los grandes medios de comunicación y que ha recorrido buena parte de las tertulias.
Salvo referencias aisladas -algunas realizadas por el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, en su reciente comparecencia en el Congreso de los Diputados-, apenas se ha entrado en las causas de fondo de los grandes flujos migratorios Sur/Norte, especialmente de los procedentes del continente africano con destino a Europa y muy en particular a España.
Las pocas veces que se entra en esas causas de fondo -que por lo general se omiten por completo- se hace de manera retórica y superficial. Sin embargo, esa perspectiva es clave y, por esa razón, tendría que ocupar un lugar central en la reflexión, especialmente en los partidos que se reclaman de izquierdas y también en las políticas prácticas implementadas por los gobiernos y las instituciones regionales y globales.
No es suficiente, en este sentido, con afirmar que el hambre recorre como una realidad dramática África, especialmente la zona subsahariana, y que la distancia en términos de renta por habitante con Europa, por emplear un indicador sintético, ha aumentado. Mucho peor, claro está, es ignorar o bien omitir esta circunstancia (en esa carencia están buena parte de los análisis).
Y por supuesto tampoco es suficiente, como ha proclamado Pedro Sánchez, comprometerse con intensificar la ayuda al desarrollo, todavía muy lejos del objetivo proclamado hace décadas por Naciones Unidas de alcanzar el 0,7% del Producto Interior Bruto de los países ricos, que en el caso del Estado español tan sólo ha mejorado levemente en los últimos años (en la actualidad es del 0,24%, del cual se destina a África el 0,07%).
Abordar las causas de fondo
En todo caso, una reflexión más profunda, y necesaria, que vaya al fondo de las cosas, que trascienda el cómodo e irrelevante espacio de la retórica superficial e irrelevante, tiene que poner sobre la mesa y abordar las causas de fondo que explican no sólo el estancamiento sino, esta es la cruda realidad, el aumento de la pobreza, convertida de este modo en un rasgo estructural del continente africano.
Ese reconocimiento es el primer paso, condición sine qua non, para entrar en las causas de fondo de esa situación, evidentemente muy diversas, pero que se explican en buena medida por la estrategia insolidaria y, digámoslo con claridad, depredadora de los países y las corporaciones del norte, de los europeos en particular y por supuesto también del Estado español.
Porque entre las causas más profundas de la pobreza están, además de la escasa ayuda al desarrollo, el desorden climático, las estrategias de las grandes empresas que operan en el continente africano, unos términos de intercambio claramente desfavorables para los productos de África y una deuda externa que genera unas cargas financieras insostenibles para las arcas públicas de estos países.
Este panorama, en continua e intensa degradación, está en el origen más profundo de las corrientes migratorias. Cualquier análisis serio tiene que empezar obligatoriamente por este reconocimiento.
¿Se quiere hacer algo al respecto para empezar a mejorar esa situación? Me parece evidente que, más allá de la retórica (tenemos toneladas en nuestro equipaje) en absoluto hay voluntad política de enfrentar las causas de fondo de la pobreza, que en buena medida explican el desesperado viaje de los pobres a una Europa cuya política ha consistido y consiste en levantar muros.
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