Lejos de ser hechos aislados, Vitoria-Gasteiz 1976 y Pamplona/Iruñea 1978 forman parte de una misma secuencia represiva que acompañó a la denominada Transición española. Frente a los discursos que trivializan la dictadura o presentan la Transición como un proceso modélico y sin sombras, estos sucesos funcionan como un incómodo recordatorio.